sábado, 18 de noviembre de 2006

DIARIO DE UN DON NADIE, de los hermanos Grossmith

Retrato de la clase media, provinciana, conformista y rancia que también y tan bien (RETRUÉCANO) supieron reflejar Mihura, en Tres sombreros de copa y el expresionista alemán Grosz, en sus caricaturas.

El libro fue publicado, originalmente, por entregas en la revista satírica Punch, que descubrí gracias al libro Londres victoriano, de Juan Benet (y hablar de Juan Benet es hablar de Javier Marías). La obra se presenta en una edición de lujo que rivaliza (sin superar) a Valdemar.

Influencias: Wodehouse (el criado y el señorito) y por extensión, toda la literatura anglosajona. Esta es una obra que respira british por los cuatro costados.
Está bien, amena, divertida (sobre todo la 1ª parte), se lee fácil y rápido, sin complicaciones. ¡Hombre!, me parece exagerado lo que dice un crítico: “Una de las doce (12) obras mayores de nuestro tiempo”, pues no.

Aparecen los tópicos: el tedio provinciano, la tacañería de esos seres, las visitas, con los amigos-póliza que diría Jardiel (amigos pesaos que vienen a casa sin avisar), etc.

Lenguaje: no tiene nada que ver con el de Galdós, Clarín, Alarcón o Pardo Bazán (no puedo hablar de Tolstoi o Dostoievsky, no por nada sino porque todavía no los he leído); es una lenguaje mucho más directo y cercano al siglo XX.

La Anécdota: el diario empieza un 3 de abril, es decir, un día después de la Novela Epistolar (la real y la ficticia).

El secreto mejor guardado: otra pista sobre el relato con tanto misterio. Tiene la forma de un diario (¿qué será, será...?).

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